errores al empezar un discurso

Errores al empezar un discurso: los 4 arranques a evitar

Los errores al empezar un discurso cuestan más que los de cualquier otro momento. En los primeros segundos tu audiencia se forma una primera impresión sobre ti, y esa impresión condiciona cómo interpretará todo lo demás. Puedes tener un contenido excelente y perderlo por la forma de arrancar.

Los cuatro arranques que restan credibilidad

Hay cuatro fórmulas de inicio que restan profesionalidad, y casi todo el mundo las usa sin darse cuenta. Son los errores al empezar un discurso más repetidos, precisamente porque parecen inofensivos.

«Bueno…» Es la palabra favorita para empezar cuando no sabemos cómo hacerlo. Indica que estamos buscando el arranque en directo, en lugar de tenerlo preparado.

«Pues…» Es un conector de relleno que anuncia que vamos a continuar algo que ya se estaba diciendo, pero ante una audiencia que todavía no sabe de qué va la charla. Suena a improvisación.

«Un poco…» Empezar diciendo que vas a hablar «un poco» de algo minimiza tu propio contenido antes de haberlo presentado. Si tú no le das importancia, difícilmente se la dará tu público.

La palmada. Ese gesto de juntar las manos con un golpe seco, acompañado de un «venga, vamos allá» que parece pedir permiso para empezar. Transmite nerviosismo y ganas de quitarse el momento de encima.

El problema de los diminutivos

Hay un cuarto compañero de viaje que suele acompañar a los anteriores: el diminutivo. Un poquito, un ratito, una charlita. Cada uno de ellos reduce el valor de lo que estás a punto de decir. Una frase como «en este ratito quiero hablaros un poquito de liderazgo» suma tres señales de inseguridad en una sola oración. Los diminutivos son, en el fondo, otra forma más de cometer los errores al empezar un discurso que ya hemos visto.

Por qué los primeros segundos pesan tanto

A nuestro cerebro le gusta tener razón, y eso tiene una consecuencia práctica para ti. Si en los primeros segundos le das a tu audiencia motivos para pensar que no estás a la altura, buscará después los detalles que confirmen esa intuición y pasará por alto tus aciertos. Y a la inversa: si tu inicio es sólido, tu público tenderá a fijarse en tus puntos fuertes y terminará concluyendo que su primera impresión era correcta.

Esto conecta con lo que se sabe sobre la memoria: lo primero que se dice se recuerda con más facilidad. Por eso conviene tener clara la diferencia entre empezar con seguridad y empezar improvisando.

Qué hacer en su lugar

Sustituir estos arranques es más sencillo de lo que parece.

Empieza con una pausa. Antes de decir nada, mira a tu audiencia dos o tres segundos. Ese silencio transmite control y sustituye a cualquier «bueno». Aquí encaja lo que cuentan las pausas y silencios.

Ten preparada la primera frase. No hace falta memorizar todo el discurso, pero sí las primeras palabras. Es la mejor vacuna contra el «pues».

Nombra tu tema con precisión. En lugar de «un poco de», di exactamente de qué vas a hablar y para qué le servirá a tu audiencia.

Deja las manos quietas. Si necesitas un gesto de arranque, que sea abrir las manos hacia el público, no una palmada.

Con estos cuatro ajustes cubres los errores al empezar un discurso más comunes sin tener que memorizar nada nuevo.

Estos arranques se refuerzan con un buen repertorio de aperturas: conviene conocer los distintos tipos de bienvenida y saber elegir el que encaja con cada contexto.

Un ejercicio para detectar los errores al empezar un discurso

Graba en vídeo o en audio los primeros treinta segundos de tu próxima presentación, aunque sea un ensayo en casa. Cuenta cuántas veces aparecen «bueno», «pues», «un poco» o cualquier diminutivo. Si encuentras más de uno, ya tienes trabajo por hacer. Después reescribe esa primera frase y grábala otra vez.

Un ejemplo antes y después

Imagina que tienes que presentar un tema de liderazgo. Un arranque frecuente sería: «Bueno, pues en este ratito quiero hablaros un poco de liderazgo», acompañado de una palmada. Compara con esta alternativa, precedida de dos segundos de silencio: «Buenos días. Hoy quiero que salgáis de aquí con una idea sobre liderazgo que podáis aplicar mañana mismo.» El tema es el mismo. La segunda versión indica que sabes adónde vas, que tu tiempo tiene valor y que el de tu audiencia también.

Pero esto es solo una parte

Corregir estos arranques es una parte del trabajo de Bienvenida en el Método BRAVO. Para profundizar, te vendrá bien repasar cómo eliminar las muletillas al hablar en público y cómo empezar un discurso para captar la atención.

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