el patrón BRAVO para estructurar un discurso

El patrón BRAVO para estructurar un discurso, explicado

De los cuatro patrones de ordenación de contenido que trabaja el Método BRAVO, este es el que le da nombre a todo el sistema. El patrón BRAVO para estructurar un discurso no es solo una técnica más entre otras: es la columna vertebral sobre la que se sostiene el método completo, y probablemente la estructura más habitual con la que Mónica Galán construye sus propias intervenciones.

Las cinco fases del patrón BRAVO

El patrón se compone de cinco fases, cada una con su propia función dentro del discurso. La primera es la Bienvenida, el momento en el que conectas con tu audiencia y con el tema que vas a tratar, estableciendo desde el primer minuto el tono de toda la intervención.

La segunda fase es el Reconocimiento, donde honras el tiempo y la atención que tu audiencia te está regalando. Aquí es donde entra en juego, entre otras cosas, entender bien quién compone tu público antes de dirigirte a él.

La tercera fase es la Autoridad, el momento en el que te legitimas para hablar sobre tu tema y lo demuestras, sobre todo, a través de tu comportamiento no verbal: tu voz, tus gestos, tu movimiento en el escenario.

La cuarta fase es el Valor, donde aportas el contenido central de tu discurso: tu mensaje, la estructura de ideas que lo sostiene, y el storytelling que lo hace memorable.

La quinta y última fase es la Ovación, el cierre de tu intervención por todo lo alto, con alguna de las fórmulas que ya hemos visto en este sitio.

Por qué el patrón BRAVO para estructurar un discurso resume el método

Este patrón resulta interesante no solo porque funcione bien: es que refleja la esencia completa del método en un único esqueleto narrativo. Cada capítulo que hemos ido desarrollando aquí, desde la gestión de nervios hasta las fórmulas de cierre, encaja en algún punto concreto de estas cinco fases.

No es la única opción, ni siempre la mejor

Esto no significa que el patrón BRAVO para estructurar un discurso sea la única forma válida, ni siquiera la más adecuada para cualquier ocasión. Variar entre los otros patrones de ordenación, en lugar de usar siempre el mismo, evita que tanto tú como tu audiencia os canséis de escuchar siempre la misma fórmula. Lo interesante es tener varias opciones disponibles y elegir la que mejor encaje con cada discurso concreto.

Un ejemplo aplicado a una presentación comercial

Imagina que tienes que preparar una presentación para captar un nuevo cliente. Siguiendo el patrón BRAVO para estructurar un discurso, empezarías con una Bienvenida breve que conecte con algo relevante para esa empresa concreta. Seguirías con el Reconocimiento, mostrando que conoces bien su situación y valoras el tiempo que te están dedicando. En la fase de Autoridad, demostrarías con tu comportamiento y tu forma de hablar que dominas de verdad tu propuesta. En el Valor, desarrollarías el contenido central: qué ofreces y por qué encaja con lo que necesitan. Y cerrarías con una Ovación bien elegida, quizás una pregunta boomerang que resuma en una frase por qué deberían trabajar contigo. Ese mismo esqueleto de cinco fases sirve igual de bien para una charla de veinte minutos que para una intervención de apenas dos. Lo único que cambia es cuánto tiempo dedicas a cada fase, no el orden ni la lógica que las conecta entre sí.

Pero esto es solo una parte

El patrón BRAVO para estructurar un discurso es, en cierto modo, el resumen práctico de todo lo que este sitio lleva desarrollando: cada pieza suelta que has ido leyendo forma parte de una de estas cinco fases, y juntas conforman un sistema completo de comunicación.

Si quieres aprender a aplicar el patrón BRAVO completo, con ejercicios prácticos en cada una de sus cinco fases, la formación oficial de dos meses del Método BRAVO te guía paso a paso por todo el proceso.

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