Nunca sabemos qué hacer con las manos cuando salimos a hablar en público. Y sin embargo, los gestos al hablar en público son una de las piezas del lenguaje corporal que más rápido puede darte autoridad, o quitártela de un plumazo, según cómo los uses.
El error más común con las manos
Casi todo el mundo, sin entrenamiento, comete los mismos errores: mete las manos en los bolsillos, las entrelaza, o las deja colgando de forma rígida, como si no supiera qué hacer con ellas. Precisamente por eso, dominar algo en lo que casi todos fallan te diferencia rápidamente del resto.
La regla básica es sencilla: las manos deben poder moverse con libertad, buscando cierta simetría, para transmitir armonía y serenidad. Y, de vez en cuando, hay que dejarlas caer a ambos lados del cuerpo sin más. Suena contraintuitivo, pero un gesto constante deja de significar algo: si subrayas cada frase de una página con fluorescente, al final no queda nada realmente destacado.
Por qué los gestos al hablar en público importan tanto
Cumplen una doble función cuando se usan bien: por un lado, vinculan lo que dices con tu imagen, generando una sensación de coherencia personal. Por otro, mantienen a quien te escucha más enganchado, porque su atención se retroalimenta constantemente con lo que ve, no solo con lo que oye.
Los dos tipos de gestos que acompañan al habla
Dentro de los gestos al hablar en público existen dos tipos principales vinculados directamente al habla. Los emblemas son gestos con un significado propio, casi como palabras visuales: saludar con la mano, señalar con el dedo, o gestos de sueño o hambre. El problema de los emblemas es que su significado puede cambiar radicalmente según la cultura, así que conviene conocer bien a tu audiencia antes de usarlos con confianza.
Los ilustradores, en cambio, son gestos que acompañan directamente al habla sin un significado fijo por sí solos: marcan el ritmo de una frase, señalan algo mencionado, describen relaciones espaciales o dibujan en el aire la forma de lo que estás explicando. Suelen aparecer de forma más natural cuando te cuesta encontrar la palabra exacta, o cuando notas que tu audiencia no está terminando de entenderte.
Lo que dice la investigación
Un dato interesante respaldado por la investigación sobre los gestos al hablar en público: no solo ayudan a quien escucha a recordar mejor la información, también alivian la carga mental de quien habla, facilitando que las ideas fluyan con más naturalidad mientras hablas.
Un ejercicio para tomar conciencia de tus gestos
Elige una fotografía con una escena compleja y cuéntasela a alguien usando solo mímica, sin palabras. Vas a descubrir cuánta información pueden transmitir tus manos y tu cuerpo por sí solos, y eso te ayudará a valorar el papel que cumplen cuando sí hablas.
Un ejemplo para aplicarlo a tu próximo discurso
Imagina que estás explicando cómo ha evolucionado un proceso en tres fases distintas. En vez de solo enumerarlas verbalmente, puedes acompañar cada fase con un gesto espacial diferente: señalar hacia un lado al hablar de la primera, desplazar la mano hacia el centro en la segunda, y hacia el otro lado en la tercera. Sin darte cuenta, tu audiencia empieza a asociar cada idea con un espacio concreto, lo que facilita muchísimo que recuerden el orden y el contenido de lo que has contado, incluso días después. Es un recurso que cuesta muy poco preparar y que multiplica el impacto de una explicación que, sin gestos, se quedaría solo en palabras.
Pero esto es solo una parte
Trabajar tus gestos al hablar en público es una de las herramientas que el Método BRAVO desarrolla dentro del paso de Autoridad, junto al resto del lenguaje corporal y la voz que ya hemos visto en este sitio.
Si quieres dominar el lenguaje corporal completo con ejercicios prácticos, la formación oficial de dos meses del Método BRAVO te guía paso a paso por cada una de sus herramientas.



